miércoles, 4 de agosto de 2010

Reflexión del fin de semana

Una invitación hecha previamente... primer shock.
Una insistencia fundamentada... segundo shock.

A esta altura tu alarma comienza a ponerse en semáforo amarillo y no sabes que ocurre.
Cuando ligas que es lo que ocurre te llegan memorias de todo lo que te llevo a eso y formulas ideas de lo que pasará y tu mecanismo de defensa empieza a salir a flote.

Una vez que pensaste y tomaste una decisión te armas de valor y de algunas cosas materiales que te ayudarán a sobrellevar el momento en el peor de los casos (nunca está de más estar preparado). Algo que me llevó a decir que si fue que sentí sincera la invitación, eso claro el mero día de la reunión, sin embargo comprobé que la amistad fuera del estado es válida por un solo día. En este día, más bien noche, donde todo se revela a mitad de la peda es cuando sentí que me había perdido de muchas cosas pero que también deje ir cosas que me hundirían más.

Tres pláticas que me ayudaron y me gustaron, tres personas que me dolerá deja de ver pero que se no recuerdan ni recordarán nada de lo ocurrido. Memorias borrosas que solo uno podrá armar y almacenar como preciosos tesoros del inicio de una nueva forma de ver la vida y de enfrentarse a ella. Poco a poco me doy cuenta que necesito hacer este tipo de cosas y expresarme y liberarme.

Este sentimiento de bienestar nervioso hace tiempo que no lo sentía. ¿Será lo que he estado buscando para calmar mi espacio vacío?

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